EL RINCÓN DEL VERDE

Tras varias dudas de asistir o no a la salida de ASAFONA para el día 5 de julio, al final me decidí acudir a la cita. El lugar que no conocía y la invitación de Gerardo Santos para acompañarle me hicieron dejar a un lado otros asuntos que también requerían mi atención. No me arrepiento pues pasé una jornada muy agradable en compañía de los compañeros asafoneros, bien guiados en esta ocasión por Jorge Ruiz del Olmo que hizo de magnífico anfitrión.

 

A las 8:30 llegamos a Panticosa, lugar de reunión de todos, para desde allí partir hacia una zona de campings en donde tuvimos que repartirnos en tres vehículos, ya que solamente disponíamos de estos tres permisos para circular por la pista que nos llevaría hasta el Rincón del Verde. Como todos no cabíamos, algunos tuvieron que emprenderlas caminando hasta que Jorge, todo voluntarioso, bajase con el coche a por ellos una vez dejado al primer grupo. En el lugar en donde dejamos los coches ya nos estaba esperando Carlos López que nos había cogido la delantera caminando.

 

Antes de empezar a andar dimos buena cuenta de un pequeño almuerzo para coger fuerzas.

Comenzamos a andar a través de un pequeño valle surcado por el río La Ripera al que cruzamos por un puente cercano a donde habíamos dejado los coches. Los pastos estaban preciosos, muy verdes por las últimas lluvias, aunque a decir de los habituales de la zona con los que nos cruzamos, el año pasado había más flores. No obstante, fuimos premiados por la diosa fortuna al descubrir una única flor Edelweiss que fueel centro de atención de todos nosotros.

 

Tras una curva del camino a cuya izquierda dejamos el salto del barranco Tendeñera y traspasando una puerta de las que ponen para que no se escape el ganado que hacía de entrada al Rincón del Verde, tuvimos la oportunidad de fotografiar la oreja de oso. El camino se empezó a empinar y como consecuencia, el grupo se fue disgregando, además de que cada uno se iba parando a fotografíar las distintas flores y el fantástico paisaje. También había marmotas, y aunque yo no hice más que un par de fotos ya de baja y un poco alejadas, hubo compañeros que tuvieron la suficiente paciencia para esperar cerca de las madrigueras y conseguir unas estupendas tomas.

Yo me iba entreteniendo con el paisaje, pues a estas alturas de la temporada ya estoy algo saturado de flores, así que Gerardo se me escapó tirando como las cabras hacia arriba. Tuve que aligerar el paso, con algo de esfuerzo, y sorprendiendome de lo bien que iba aguantando el ritmo que me impuse. Al final, tras adelantar a varios grupos de senderistas logré alcanzarle y cuando lo tenía a unos 5o metros le eché un grito para que me esperase. Para entonces ya estábamos encima de los llanos de El Verde, casi en el collado que da al Pico del Verde. Una vez cruzado el collado llegamos a un par de pequeños ibones y un poco más allá, teniendo a nuestra vista los postes del telesilla a los Asnos y Sabocos, nos acercamos a un collado rocoso encima del ibón de Sabocos para poder fotografiarlo bien. Viendo que el tiempo se nos echaba encima nos dispusimos a volver sobre nuestros pasos para ir a los coches, en donde teníamos los bocadillos para comer.

De bajada nos cruzamos con Jorge acompañado de Carlos, Uge y señora que siguieron hacia donde nosotros habíamos estado. Luego nos fuimos encontrando a más compañeros. Algunos siguieron y otros al vernos dieron media vuelta y nos acompañaron en el descenso.  Ya casi en el lugar de donde partimos hay una fuente en la que algunos aprovecharon para rellenar la cantimplora y José se percató de que había dos orquídeas que no habíamos visto antes. Que yo recuerde las orquídeas que llegué a ver fueron Orchis ustulata, Listera ovata, Coeloglossum viride, Platanthera chlorantha, Dactylorhiza sambucina y Nigritella nigra. Había muchas más flores que hubieran hecho las delicias de los aficionados a la botánica, entre las que destacaban por su número las siemprevivas, nomeolvides... en fin , muchas, que como he dicho al principio me cogieron con el ánimo cansado de flores, y que de haberme dedicado a ellas me habría perdido los estupendos paisajes que recorrí.

 

Tras dar buena cuenta de la comida, aún nos estuvimos entreteniendo con el numeroso grupo de licénidos que había librando las sales de la tierra húmeda de los taludes. Mas tarde llegarón los que se habían quedado por arriba y cuando todos estuvimos listos bajamos a Panticosa para dar cuenta de las desadas cañas cerveceras, muy contentos por la experiencia vivida y también bastante cansados.

 

Enhorabuena a la junta de Asafona y en especial a Jorge por organizar esta estupenda salida al Rincón del Verde.

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